¡Hola, qué rico que estés aquí, seguramente tienes una historia única y hermosa! Te contaré un poco sobre la mía.

 

Me llamo Diana Jaimes y nací en Bogotá, Colombia; acudiendo a los gentilicios de mi país, podría decir que algo de cachaco (Bogotá), de costeño (Barranquilla y Cartagena) de caleño (Cali), de Santandereano (Simacota y Pamplona) y de paisa (Medellín) fluye por mis venas; he tenido la hermosa oportunidad de vivir en diferentes ciudades (¡todas muy distintas!), de tener abuelos santandereanos y un esposo de Medellín.

Luego de aprender inglés en los diferentes colegios en los que estuve, viví un tiempo en Francia donde estudié francés como lengua extranjera en la Universidad de Poitiers; estudié psicología en la Universidad Javeriana de Bogotá Colombia; estudié psicología del desarrollo en la Universidad Católica de Argentina en Buenos Aires (UCA); hice un MBA en la Universidad de Barcelona, España.

Después de haber trabajado varios años para grandes empresas incluso algunas multinacionales, mi corazón empezó a latir con más fuerza, me empecé a preguntar por mí, qué me llevaría a vivir plenamente feliz… para qué había estudiado psicología. En cada empresa en la que estuve, en cada lugar donde trabajé… sólo venía a mi mente el corazón de aquellos que estaban en mi entorno.

Me empecé a preguntar por el corazón de las personas con las que trabajaba, aquellos jefes, compañeros, clientes… y me di cuenta de que sólo llegando al corazón y haciendo foco en él, los problemas tienen solución, “con amor en el corazón, todo tiene solución”. Nacemos siendo un individuo y a la vez sujetos, pertenecemos a organizaciones sociales, la familia siendo la principal; hoy en día no dudo al creer que todas las organizaciones al estar hechas de personas, en definitiva, es el corazón al que se debe apuntar y el que marca la diferencia en cualquier lugar, no importa dónde.

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Luego de pasar por un embarazo de alto riesgo en el que con cada ida a urgencias sentía y veía cómo la vida se ponía en riesgo, comprendí la importancia de cada ser en el mundo, la importancia de ese regalo tan hermoso que recibimos que se llama VIDA. Así con el nacimiento de Simona, mi hija mi vida dio un giro, me dejé llevar por el corazón; solo ver el rostro de mi hija todo lo cambió. Comprendí la nueva vida que nacía en mí, ella empezó a ser mi motor, mi mayor profesora, mi mayor reto, mi mayor motivación, mi mayor brújula. Comprendí lo hermoso que es ser mamá, lo hermoso que es tener vida, lo hermoso que es AMAR. Lo hermoso que es aprender a cada instante, hoy que tenemos vida.

Tomé una decisión: ¡me quité las medias veladas y los tacones!, me dediqué a ser mamá y profesora, a estudiar el cerebro de los niños y a explorarlo, a conocer, a preguntarme, a indagar, a aprender, y por qué no, a cuestionar sobre la infancia. La infancia que quizás sea algo que todos tenemos o hemos tenido, de donde todos venimos, por la que todos pasamos y en la que el corazón tiene sus primeros cimientos. La infancia, aquella radiografía de la adultez, de la persona, del corazón. Aprendí que mi hija empezaba a caminar y con ella yo; a su lado y en el día a día, 24/7 con ella; me sumergí completamente en el mundo de la infancia. Me certifiqué en primera infancia y en psicología infantil.

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¡Comprendí que somos seres únicos que además de tener un corazón y una razón, tenemos vida por una razón!

La PERSONA, EL SER HUMANO es el conjunto de la divinidad (el corazón) y el conocimiento (la razón). En definitiva, somos CO-RAZÓN: ¡corazón + razón creados por una razón! Si bien la razón y el conocimiento ocupan un porcentaje en nuestras vidas, “el corazón tiene razones que la razón desconoce” (Blaise Pascal). Hoy quiero seguir aprendiendo a que el corazón abrace la razón.

¡Nada hubiese sido posible sin Jesús y María, por eso en todo todo, la gloria para Dios! 

 

Estoy para servirte,